|
En mi plato, ¡qué mezcla de Naturaleza!
Mis hermanas las plantas,
compañeras de los manantiales, santas
a quien nadie reza…
Y las cortan y las traen a nuestra mesa
y en los hoteles los clientes ruidosos,
que llegan con sus portamantas
piden "ensalada", indiferentes…
Sin pensar que exigen a la Madre Tierra
su frescor y sus hijos primeros,
las primeras verdes palabras que ella tiene,
las primeras cosas vivas e irisantes
que Noé vió
cuando las aguas bajaron y las cumbres de los montes
verdes y encharcados surgieron
y en el aire donde había aparecido la paloma
el arco iris se desvanecía…
*
El río de mi aldea no hace pensar en nada.
Quien está junto a él sólo está junto a él.
*
Como quien un día de verano abre la puerta de casa
y atisba el calor de los campos con todo el rostro,
a veces, de repente, me golpea la Naturaleza de lleno
en la suma de mis sentidos,
y me quedo confuso, turbado, queriendo comprender
no sé bien qué ni cómo…
¿Pero quién me ha mandado a mí querer comprender?
¿Quién me ha dicho que había que comprender?
Cuando el verano pasa por mi cara
la mano leve y caliente de su brisa,
sólo tengo que sentir agrado porque es brisa
o sentir desagrado porque es caliente,
y de cualquier manera que lo sienta,
así, porque así lo siento, es que eso es sentirlo.
*
Mi mirada azul como el cielo
es calma como el agua al sol.
Es así, azul y calma,
porque ni pregunta ni se asombra…
Si preguntara y me asombrara
no nacerían flores nuevas en los prados
ni cambiaría cualquier cosa en el sol de manera que fuera más hermoso…
(Incluso si nacieran flores nuevas en el prado
y el sol cambiase para ser más bello,
sentiría menos flores en el prado
y encontraría más feo el sol…
Porque todo es como es y así es como es,
y lo acepto, y no lo agradezco,
para no sentir que pienso en ello…)
*
Lo esencial es saber ver,
saber ver sin estar pensando,
saber ver cuando se ve,
y no pensar cuando se ve
ni ver cuando se piensa. |